20 lecciones de 20 años en el ministerio pastoral (Spanish Version)

20 lecciones de 20 años en el ministerio pastoral

de Brian Croft

Esta semana cumple veinte años de servicio en uno u otro tipo de empleo ministerial. Pasé los primeros ocho años sirviendo de pastor asociado en varios roles en varias iglesias (mayo de 1995 – agosto de 2003). Estos últimos ocho años llevo sirviendo de pastor titular de Auburndale Baptist Church (septiembre de 2003 – mayo de 2015). Hay varias lecciones para considerar, muchas de las cuales aprendí a través del dolor y el sufrimiento. Aquí hay veinte lecciones a la luz de mis veinte años:

1. La palabra de Dios es suficiente para edificar la iglesia de Jesucristo.
Me recuerdo de mi primer domingo como pastor titular; me senté solo en el santuario y me pregunté si las puertas de esta iglesia estuvieran abiertas un año más tarde. Me di cuenta de que, con toda mi inteligencia y sabiduría, no podía rescatar esta iglesia. En aquel tiempo creí que el Señor, con su Espíritu y su Palabra, era suficiente para edificar su iglesia y revitalizarla. Más de una década después, he visto cómo Dios ha hecho precisamente esto.

2. El evangelio es suficientemente poderoso para transformar vidas.
Programas, trucos ni carisma no pueden transformar el corazón. Estas cosas tampoco pueden dar vida a una iglesia que se ha sido deteriorando a lo largo de más de treinta años. Durante veinte años he visto cómo el evangelio ha liberado a la gente de la esclavitud al pecado y ha dado esperanza a los desesperados. He visto cómo el evangelio une a los mayores y los jóvenes, los negros y los blancos y los ricos y los pobres, y cómo da vida a nuestra iglesia. El evangelio de Jesucristo es suficientemente poderoso para transformar vidas y revitalizar cualquiera iglesia local.

3. Un pastor eficaz siente profundamente.
La iglesia se ha convencido de que la masculinidad bíblica sea un hombre estoico, impasible e impávido. La Biblia pinta otra imagen en la que la fuerza masculina auténtica es el hombre que sienta tan profundamente que pueda amar apasionadamente y sacrificar voluntariamente. El sentir las emociones profundas hace que nuestra mente baje a nuestro corazón para que seamos capaz de empatizar con la gente lastimada. Un pastor eficaz es el que reconozca su debilidad, se sienta suficientemente seguro en Cristo para ser vulnerable y sufra con los demás.

4. No pierdas tu familia.
Se me ha dicho que, «Siempre puedes obtener otra posición pastoral, pero, solo tienes una esposa». Agregaría que tus hijos crecen rápidamente y necesitan a su padre. Asegúrate de que mantengas el equilibrio entre el ministerio y la vida familiar de tal manera de que tu mujer y tus hijos siempre—aún en medio del ajetreo del ministerio—sepan que son tu primera prioridad. He aprendido a tomar todo mi tiempo de vacaciones. He aprendido a no contestar el teléfono durante la cena, las devociones o en mi día libre. No te lo olvides; si pierdas a tu familia, puedas perder el derecho de servir en el ministerio (1 Tim. 3:4-5).

5. No subestimes el valor de los miembros mayores de la iglesia.
Puesto que les resulta más difícil a los miembros mayores ya existentes de una iglesia en decadencia de aceptar a un pastor joven y una dirección diferente, es fácil considerarlos como obstáculos. Lo sé porque así yo pensaba. Sin embargo, cuánto más tiempo llevaba con mi iglesia actual, más yo y los miembros luchábamos para amarnos y para poder trabajar juntos. Durante los primeros años yo pensaba que yo estaba muy paciente con ellos. Con el paso de tiempo, me di cuenta de cuán pacientes ellos estaban conmigo, el pastor joven.

6. Aspira a ser deseado en vez de necesitado.
Durante los primeros años como pastor titular, me decían que yo probablemente sería el último pastor de esta iglesia. Al salir en sabático hace unos años, mi esperanza fue que yo regresara y viera cuán innecesario me hubiera vuelto. Eso es lo que experimenté y la prescindibilidad nunca ha tenido tan buen sabor. Sin embargo, me sentí más deseado que nunca. Eso debe ser la meta para nosotros como pastores: que desarrollemos una directiva para que la iglesia no se dependa de sola una persona, y que seamos tan fructíferos en el ministerio que sigamos siendo deseados por nuestra iglesia. No es la fórmula ideal para la estabilidad laboral pero es un plan maravilloso para una iglesia sana.

7. No descuides tu propia alma.
San Pablo les dijo a los ancianos de Efeso que miraran «por vosotros, y por todo el rebaño» (Hch. 20:28 RVR1960). Los pastores saben mirar por su rebaño pero olviden a menudo mirar por ellos mismos. A lo largo de los últimos veinte años, siempre podía rastrear el origen de los puntos bajos y los momentos en que estaba luchando contra el pecado a una especie de descuido de mi propia alma. Pastores, eliminan algo y hagan lo que tienen que hacer para cuidar su propia alma. Si ustedes no se renuevan diariamente por la gracia y el Espíritu de Dios, no podrán ministrar esta gracia a los demás.

8. La fidelidad vale la crítica más severa.
He tenido que tomar decisiones difíciles en cada iglesia. Unos miembros han sido pedidos a irse de la iglesia por razones disciplinarias. Hombres que justo han completado el seminario han sido aconsejados que no se dediquen al ministerio. A otros miembros se han sacado de la iglesia por negligencia. Decisiones poco populares para defender el evangelio en la comunidad han sido ridiculizadas. He soportado muchas palabras severas en cada posición pastoral a causa de las decisiones que tomé con la intención de obedecer las Escrituras. Hubo un año en que mi nombre estaba tan calumniado que la gente me reconocía sólo por las dolorosas palabras que la gente susurraba al entrar yo en una tienda o un café. Sin embargo, las palabras más severas valen la pena con la esperanza de que, cuando esté ante Cristo, él me estime fiel.

9. La humildad espiritual de un pastor es mejor que otras dones extraordinarias.
Tantos hombres envidian los dones de los demás. Pastores no son una excepción. Nosotros solemos pensar que, sin la mente de D.A. Carson, la pasión por predicar de John Piper y el carisma de Matt Chandler, no podemos servir nuestra a congregación adecuadamente. Pero yo he aprendido que un pastor quien reconozca su fracaso, debilidad y necesidad de Jesucristo de una manera sincera y auténtica ante su congregación es valioso y sirve a su congregación fielmente. El acto de demostrar cómo andar humildemente con Jesús vale más que los dones ministeriales más excepcionales.

10. La preparación de hombres para el ministerio es un gozo indecible.
Además de ver conversiones a Cristo, uno de los mayores gozos de los últimos veinte años ha sido preparar a los hombres para el ministerio, enviarlos a otra posición y entonces ver cómo florecen en el nuevo ministerio. Aunque es difícil y doloroso despedirse a los mejores y los más dotados, vale la pena y es un gran gozo personal.

11. La carga de cuidar de almas es demasiado pesada para un solo hombre.
La mayoría de las iglesias que he servido tenían un pastor único, a quién el trabajo de cuidar de almas le era inmensa. Lo vi en los que cargaban ese peso y lo sentí cuando lo heredé como pastor titular. Por esta razón enseña el Nuevo Testamento claramente que el cuidado de las almas en la iglesia local no viene de un solo hombre, sino de una pluralidad de pastores y ancianos que llevan esta carga juntos. Quizás la decisión más importante de los últimos doce años en mi iglesia actual ha sido la de cambiar a una pluralidad de pastores.

12. Los pastores darán cuenta de todas las almas bajo su cuidado.
Pastores olviden a menudo que vamos a dar cuenta a Jesucristo no sólo de las almas de los cuales nos aman y nos apoyan, sino también de las que no nos aman y apoyan. En los momentos en que yo luchaba para amar a ciertas personas (que pasaba frecuentemente), eran las palabras penetrantes—las palabras que yo era uno de ellos que «velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta» (Heb. 13:17 RVR1960) a Cristo—que me impedían a descartar mi responsabilidad ante el Príncipe de los pastores.

13. La cualidad pastoral más crucial quizás sea la paciencia.
Hay muchas cualidades piadosas que son imprescindibles para el pastor, pero la razón por qué la paciencia sea la más importante tiene que ver con cómo afecta a los demás. La paciencia permite que el pastor no reaccione exageradamente a un suceso. Hace que el pastor tome decisiones y evalúe su iglesia con un plan a largo plazo en mente. Yo he aprendido que existe una especie de discernimiento y sabiduría en la paciencia que no se encuentra típicamente en los esfuerzos a llevar nuestros propios fines a cabo.

14. Hay que enfocarse en el contenido de la música de la adoración corporativa.
Yo pasé por un cambio muy revelador de ambientes ministeriales. Yo era uno de los miembros principales del personal musical de una iglesia que usaba las últimas tecnologías: iluminación teatral, pantallas gigantescas y mucho «¡wow!» Me fue de esta iglesia a favor de una que cantaba himnos del himnario. ¿Qué aprendí de esta transición radical?: (1) el estilo divide; (2) la verdad vivificadora une. El contenido debe determinar nuestras reuniones públicas. No importan el estilo ni el ambiento de los servicios semanales; asegúrate de que la gente hable sobre las verdades maravillosas que cantaron y no sobre cuán bien se tocó la música.

15. Averigua lo que NO se debe hacer.
En las cuatro iglesias que serví como pastor asociado, yo aprendí más sobre lo que NO debía hacer que sobre lo que sí debía hacer. Yo vi prácticas y filosofías pastorales que faltaban la licencia bíblica. Y desafortunadamente, yo vi de primer mano cómo mucho de estas prácticas dañaban las almas del pueblo de Dios. Esos eran tiempos difíciles para mí, pero me ayudaron a desarrollar y pulir las convicciones bíblicas que tengo hasta el día de hoy.

16. La oración me transforma más que nada.
Yo pasé veinte años en el ministerio sin orar tanto como debía. Esto lamento muchísimo. Pero cuando sí oré, Dios me encontró en mi lucha y mi desesperación y consoló a mi alma. El acto de orar se convirtió en un lugar de dulce descanso para mí—más que cualquiera oración contestada. Las oraciones de un pastor, cuando clama para que su pueblo y si iglesia sean fortalecidos, son algo muy especial. Dios ha respondido a muchas oraciones a lo largo de dos décadas, pero lo que Dios hizo en mi alma cuando yo clamé a él siempre ha sido más importante.

17. Elige con cuidado tus batallas.
El hecho de que puedo escribir este punto después de servir en el ministerio durante veinte años es en sí prueba de la gracia de Dios en mi vida. Yo me acuerdo de tantas decisiones que tomé y también de las que no tomé. Si yo hubiera hecho lo opuesto en muchas de estas situaciones, probablemente habría sido despedido. Durante sólo los primeros cinco años como pastor titular había tres esfuerzos de destituirme de la posición. Elige tus batallas, no dejes que ellas te elijan. Sea paciente y sensato. Busca buen consejo. Reza mucho. Una sola decisión puede ser la que Dios usa para girar el barco de una iglesia en dificultades, o para derribar tu ministerio.

18. Anticipa el sufrimiento.
Mi experiencia ha enfatizado esta verdad tanto que yo aconsejaría a cualquiera quien quisiera hacerse pastor, pero quien no quisiera sufrir tanto, que se dedique a otra carrera. Nuestras familias y ministerios están en el frente del ataque espiritual y el trabajo del evangelio. El sufrimiento sin duda vendrá y—a veces—todo a la vez. Anticípalo. No te asgas a las cosas de este mundo. Ásete a Jesucristo y a tu familia. Permite que tu sufrimiento pastoral te haga desear el cielo aún más.

19. Los números no califican adecuadamente la salud de una iglesia.
La tendencia común es contar presupuestos y personas para medir la salud de una iglesia. Ya que he servido en iglesias con presupuestos grandes y muchas personas, yo puedo decirte de primera mano que estos criterios en sí son brújulas rotas para medir si Dios esté obrando o si una iglesia sea sana. Los pastores tienen que aprender a evaluar su iglesia y ministerio de la manera en que Dios—y no el mundo empresarial estadounidense—los evalúa.

20. Jesús siempre tiene que ser suficiente.
Durante la mayoría de los veinte años, mi identidad estaba metida en mi ministerio de una tal manera dañina que llevó a un enfoque muy narcisista de mi vida y mi ministerio. Hace tan sólo unos años que Dios ha revelado este enfoque idólatra del ministerio que llevó a una búsqueda espiritual. Como consecuencia, yo ahora experimento una libertad en mi alma que me ha hecho a aflojar mi agarre en mi ministerio. En tanto que tengo a Jesús, tiene que ser suficiente. Durante la mayoría de mi ministerio, no lo fue. Pero ahora te puedo decir que Jesús sí lo es. Aunque tengo la oportunidad de hacer muchos proyectos interesantes en mi ministerio en este momento, yo pudiera marcharme de todo si fuera necesario. Jesucristo tiene que ser suficiente y yo he encontrado que ahora gozo de mi ministerio más, no porque tengo que hacerlo, sino porque me permite hacerlo.

Conclusión:
Allí las tienen. Les prometo que he fracasado miserablemente de varias maneras para llegar a estas lecciones. Sean animados, queridos hermanos y pastores compañeros. El Señor a menudo nos enseña a través de nuestros pecados, fracasos, desilusiones y debilidades. Por la gracia de Dios, él me dejó aprenderlos y continuar a servirle a él al mismo tiempo. Ahora le pido a él que me deje servirle unos dos décadas más si él me otorgara este honor y si sirviera sus propósitos perfectos.

Brian Croft es pastor titular en Auburndale Baptist Church y fundador de Practical Shepherding. También es Senior Fellow de The Mathena Center for Church Revitalization de The Southern Baptist Theological Seminary y ha escrito más de una docena de libros sobre el ministerio pastoral. Está casado con su esposa, Cara, y tienen cuatro hijos.

 

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