Pastores y el silencio: Una disciplina perdida (Spanish Version)

Pastores y el silencio: Una disciplina perdida

de Brian Croft

Yo pasé la gran mayoría de mi vida adulta odiando el silencio—y no lo sabía. Fue un gran punto ciego para mí. Siempre excusaba mi deseo de estar con la gente por mi amor hacia ellos y porque era un extrovertido. Yo me excusaba al hablar mucho por mis instintos naturales. Es más, estas cualidades parecían beneficiarme a mí como pastor en mis interacciones con los demás, así que no volví a pensar en eso. No fue hasta que empecé mi propia jornada de consejería por una crisis personal cuando fui confrontado con este engaño en mi vida.

Mi consejero observó algunos comportamientos en mi vida que muchas personas habían pasado por alto, pero él las vio como preocupaciones reales. Él observó que yo evitaba el estar solo. También se dio cuenta de que me sentía incómodo en el silencio y no sabía qué hacer con eso. Vio de primera mano la manera en que yo solía dominar la conversación con mis palabras. Este descubrimiento también reveló mis terribles habilidades de escuchar, las cuales con mucha sabiduría él vinculó a mis problemas de el silencio. Mi consejero me confrontó en esta área y el proceso me resultó muy difícil. De hecho, esto me llevó a la implosión de mi alma que permitió el proceso de recuperación que tan urgentemente necesitaba.

A través de este proceso aprendí que, si mis emociones son la puerta a mi alma, el silencio es lo que expone el alma. No estaba preparado para afrontar las cosas feas que fueron expuestas. Sin embargo, Dios, en su gracia, me encontró de una manera dulce y poderosa e inició el proceso de recuperación que me ha dado una paz constante en mi alma. Fue a través del silencio, la meditación en la verdad y la oración que yo experimenté este nivel más profundo de la gracia de Dios y su presencia en mi alma. Todos los pastores tienen que encontrar y exponer (con el poder de la gracia de Dios) esta parte de su ser para que experimenten Su amor de una manera profunda y, como resultado, que tengan un ministerio prolongado.

Este silencio del cual hablo no es una meditación secular, sino una soledad y un silencio bíblico. Don Whitney lo considera una disciplina espiritual importante de la vida cristiana. Este silencio es una quietud que nos permite hacernos conscientes de la actividad de nuestra alma mientras que el Espíritu Santo vive y obra en nosotros. Es una disciplina en la que tenemos comunión con Jesús, en la que nos hacemos conscientes de su verdad y presencia y en que nos volvemos más receptivos a su gracia infinita. El académico Joel Beeke describe muy bien el tipo de meditación que facilita esta experiencia:

La meditación puritana llena la mente con la verdad revelada de Dios para que el corazón se encienda con afecto para Dios y la vida se transforme a una de obediencia. Thomas Hooker lo definió así: «La meditación es una intención seria de la mente por la cual llegamos a buscar la verdad y eficazmente aplicarla al corazón». La orientación de nuestra mente revela el más puro amor de nuestro corazón, así, como dijo Hooker, el que ama la Palabra de Dios medita regularmente en ella (Sal 119:97). Por lo tanto, la meditación puritana no es la repetición de un sonido, el vaciamiento de la mente ni la imaginación de sensaciones y visiones físicas, sino el ejercicio de la reflexión y la fe en la Palabra de Dios.

Dios nos manda que estemos quietos y que conozcamos que él es Dios (Sal 46:10). El salmista nos recuerda que nuestras almas se deban callar y esperar solamente en Dios (Sal 62:1-5). Jesús se iba regularmente a un lugar desierto y apartado para orar y estar quieto (Mr 1:35; Lc 5:16; Mt 14:13). El silencio y la soledad constituyen una disciplina bíblica de la vida cristiana que cada cristiano necesita. Los pastores no son una excepción.

Este artículo no solo pretende llamar a cada pastor a la disciplina del silencio habitual, sino también quiere presentarlo como un elemento esencial del cuidado espiritual de un pastor. Primero consideremos las razones a favor del silencio y después pasemos a lo práctico de cómo empezamos a adoptarlo en medio de un ministerio ruidoso.

Las razones a favor del silencio

La mayoría de nosotros podemos estar de acuerda con algunas razones bastante obvias a favor del silencio, por ejemplo, que debemos reducir distracciones, que necesitamos tiempo con Dios, tiempo para reenfocarnos, tiempo para orar y leer la Palabra de Dios, etc. Sin embargo, quería ofrecer cuatro razones menos obvias que puedan conectarte al silencio que pueden servir de estimulo para cuidar nuestra propia alma.

1) El silencio expone el alma.

Un mecanismo de defensa bastante común es usar el ruido y el ajetreo de la vida cotidiana para evitar el dolor. Puede ser un dolor o abuso del pasado o un sufrimiento. Pero sea lo que sea, el ruido y la distracción pueden dar la ilusión de que el dolor no existe o que no tiene poder. El silencio expone este dolor profundo y muestra su presencia innegable en nuestras almas. Cuando estamos quietos y silenciosos, es cuando nos damos cuenta de nuestras emociones, las obsesiones de nuestra mente y el dolor físico de nuestro cuerpo.

2) El silencio confronta las voces.

Las voces de las que hablo son los mensajes que oímos sobre nosotros mismos. Todos nosotros tenemos estas voces. Son los mensajes que el enemigo susurra en nuestro oído. Son los mensajes que vienen de las personas que nos rodean. Son las voces que el enemigo le gusta susurrar en nuestros oídos. Cuando estas voces son severas u ofensivas y mienten sobre nuestra identidad y valor en Cristo, nos resultan incómodas y hacemos lo que tengamos que hacer para huir de ellas. Estas voces me atormentaban. Las voces abusivas del pasado, las mentiras del enemigo y las críticas dolorosas del presente creaban mensajes de fracaso y autodesprecio que estaban lo más fuertes cuando estaba yo a solas en el silencio. Así que yo huía del silencio para escaparme de estas voces. Necesitaba el silencio para poder enfrentar estas voces y luchar con la poderosa verdad del evangelio contra las mentiras que había creído desde hace tanto tiempo. Martyn Lloyd Jones aborda el tema de estas voces en el contexto de la depresión:

El problema principal de este tema de depresión espiritual es esencialmente que permitimos que el yo nos hable a nosotros en vez de hablar al yo. ¿Estoy solo intentando en ser deliberadamente paradójico? Para nada. Esta es la esencia misma de la sabiduría de este tema. ¿Se ha dado cuenta usted de que la mayor parte de su infelicidad tiene que ver con el hecho de que se está escuchando a sí mismo en vez de hablarse a sí mismo?

El silencio nos permite enfrentar esta realidad cuando nos escuchamos, en vez de hablarnos constantemente y decirnos palabras muy duras que aplastan nuestra alma.

3) El silencio nos enseña a escuchar.

Fue un descubrimiento inquietante que yo, pese al tiempo que había llevado como pastor, todavía no sabía escuchar. Yo escuchaba, pero solamente para poder preparar mis respuestas. Tenía que aprender a escuchar sin sentir la necesidad de responder; sólo debía escuchar y entender. Al empezar a aceptar el silencio, me di cuenta de que también estaba aprendiendo a escuchar. Escuchaba sonidos que jamás había oído. Me sentí más receptivo a la palabra de Dios. Es increíble lo que pasa cuando no se preocupa tanto con lo que se debe decir o hacer. Simplemente hay que escuchar.

4) El silencio prueba nuestra necesidad de ruido.

Yo pensaba que simplemente me gustaba la gente y la actividad. No tenía ninguna idea de que necesitaba el ruido porque mi alma se atormentaba del silencio. El silencio expone el alma y prueba cuanto se depende del ruido para bloquear el dolor de la vida. Es una de las muchas razones por las que necesitamos tiempo en que nos alejemos de nuestro teléfono, el correo electrónico, las redes sociales y cualquier otro aparato electrónico que contribuya a la fuente constante de ruido y distracción. Los pastores no necesitan esforzarse en encontrar ruido y distracción en su vida. El silencio, sin embargo, es otro asunto. Tenemos que luchar por el silencio. El silencio nos desafía a enfrentar el dolor y permitir que la fuerza del evangelio penetre profundamente en nuestras almas para iniciar el proceso de recuperación. Pero ¿cómo empieza un pastor a aceptar el silencio para el cuidado de su propia alma?

La aceptación del silencio.

En un retiro de silencio, recordé estas palabras escritas en un cuarto dedicado al silencio y la soledad:

El papel del silencio se estimaba como importante como medio para asegurar que no se desperdiciara el ocio tan valioso por medio de la pasividad y el hablar cosas de poca importancia. Las comunidades que respetan el desarrollo humano tienen que tomar medidas explícitas para la soledad; si no, pierden una posible fuente de enriquecimiento.

Aunque odiaba el silencio, empecé a entender poco a poco que tenía que “tomar medidas explícitas para la soledad” por el bien de mi alma. Como consecuencia, pasé por un proceso de tres etapas que me ayudó no solo a enterarme de lo mucho que necesitaba el silencio, sino también a desearlo. Ese proceso se constituye de la práctica diaria, los periodos extendidos del silencio y los retiros planeados.

Primero, el pastor tiene que establecer un breve tiempo de silencio cada día. El salmista dice que tenemos que estar quietos y conocer que Dios es Dios (Sal 46:10). Metas pequeñas pero regulares son la clave. No subestime el valor de dedicar cinco a diez minutos cada día en que se sienta sin las distracciones de música, el teléfono o la plática de los demás. Siéntese y disfrute el silencio. Esté consciente de la presencia de Dios. Sepa que es Dios. Ore. Escuche lo que pasa a su alrededor.

Después, el pastor tiene que encontrar tiempos más extendidos de silencio. El salmista nos recuerda que nuestras almas deben callar y esperar en Dios (Sal 62:1-5). No podemos apresurar la espera—requiere más tiempo. Este tiempo puede ser una hora cada semana durante la cual se aleja del ruido y la gente para estar a solas con Dios. Mientras que el silencio diario ayuda a mantenerte centrado todo el día encuentro que este tiempo más extendido es más restaurativo y relajante para mi alma. Este tiempo típicamente tiene lugar en mi vida los lunes por la mañana cuando salgo a correr en un sendero aislado. Después, me siento en la quietud con Dios, consciente de su gloria en la creación alrededor de mí. Permanezco en silencio y conozco que él es Dios y yo no (Sal 46:10). Y espero sólo a Dios (Sal 62:1-5).

Por último, el pastor debe planear uno o dos retiros de silencio cada año. Durante este tiempo, el pastor descubrirá exactamente qué piensa con respecto al silencio. Así me pasó a mí. Un retiro puede ser un viaje de una noche, pero no lo tiene que ser. Yo he planeado mis retiros de silencio para durar solo un día, en los cuales salgo temprano por la mañana y regreso por la tarde para cenar con mi familia. La búsqueda del silencio profundiza el cuidado espiritual de un pastor, ya que expone su dependencia del ruido, la gente, la actividad y la distracción. Un retiro de silencio que dura todo el día expondría mucho, incluso de qué se huye en la vida. Mis retiros se han convertido en una prueba de las cosas escondidas de mi alma. Cada pastor necesita algo que revelaría estas cosas escondidas para que él las confronte ante Dios. El pastor necesita tiempo para hacer una pausa y recibir la gracia y el perdón de Dios.

Jesús nos ha liberado del poder del pecado, la desgracia y la muerte, y nos ha rescatado de la ira divina que todos nosotros merecemos. Todo viene por gracia por medio de la fe. Nuestra identidad está en Cristo y somos los hijos adoptivos del único Dios verdadero. El Espíritu Santo vive en nosotros por la fe y nos hace cada día más como Jesús. Sin embargo, muchos cristianos no experimentan esta fuerza de la gracia de Dios de una manera profunda—incluso los pastores. Así era yo durante la mayor parte de mi ministerio; y exigió que me hiciera consciente de mi propia alma y un conocimiento de cómo accederla para que la poderosa gracia del evangelio pudiera permear los lugares oscuros de mi ser.

El silencio es un regalo divino y una herramienta magnífica para despertar la conciencia. Solo podemos pastorear nuestro rebaño a los lugares que nosotros mismos hemos visitado y experimentado. Acepte el silencio como el bálsamo curativo y restaurativo para su alma ruidosa e inquieta.

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